Lograr un cambio de nombre es desgastante, sin embargo, las personas trans emprenden el camino para lograr que este concuerde con su imagen.
Pau González y parte de su cambio físico. Fotos: Cortesía
Pau González y parte de su cambio físico. Fotos: Cortesía
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Lunes 12 de agosto de 2019 12:30 PM

Solo quieren ser reconocidas como las personas que son. Algo tan sencillo como esto se vuelve una lucha constante para quienes tienen disforia de género (disgusto o desacuerdo con su sexo biológico) y buscan una identidad. Personas cuyo cuerpo y nombre no coinciden con quienes son en su mente, tal como Pau González, un hombre transexual que nos cuenta su historia y parte de lo que ha pasado para ser el hombre que es hoy, ese que por mucho tiempo fue reprimido y rechazado.

De acuerdo al artículo 117 de la Ley 31 de 25 de julio de 2006, Texto Único del Registro Civil, toda persona mayor de edad puede solicitar un cambio de nombre "por uso y costumbre", siempre y cuando entregue las pruebas requeridas para ello.

Es en esta ley, que es general para cualquier persona, no solo para las trans, que se han apoyado Pau y otras para lograr que su identidad vaya de acuerdo al nombre que sale en la cédula. De hecho, Pau es el primer hombre trans que logró el cambio de nombre en su cédula, este año.

Según la Dirección de Registro Civil del Tribunal Electoral, a la fecha se han realizado 12 trámites de este tipo: nueve solicitudes de hombres y tres solicitudes de mujeres.

Los requisitos para dicho trámite, contemplados en el artículo 117 de la Ley 31, son: presentar la solicitud de la parte interesada, por intermedio de apoderado legal, además de tres pruebas documentales fehacientes (de fuentes diferentes) que acrediten, en un intervalo mínimo de cinco años, la celebración de actos repetitivos con los nombres o apellidos que se desea registrar.

Esto lo sabe bien Pau, quien tuvo que pagar un abogado, así como entregar documentos que certificaran el constante uso de su nuevo nombre, para lograr el cambio en su cédula de identidad personal. Por ejemplo, tuvo que demostrar que en el pasado fue atendido por un doctor bajo el nuevo nombre que deseaba cambiar.

Luego de llevar documentos como recibos, facturas, cartas, el Registro Civil los verifica. Una vez aprobados, entonces, la persona recibe un poder para el abogado y una solicitud de cambio de nombre. El costo del abogado que hace la gestión puede estar rondando los $500 y el trámite, si no se presentan las pruebas correctas, puede durar meses y hasta años. 

"Es desgastante", admite Pau, quien -a pesar de eso- procura acompañar a los jóvenes cuando deciden dar ese paso. 

 

 

 

 

Para él ha sido grandioso lograr el cambio de nombre, porque asegura que por años fue objeto de discriminación. "Todos los días nos discriminan solo por presentar el documento. Muchas veces la gente, si yo no le digo, no sabe que soy un hombre trans; pero, cuando entregaba la cédula, ahí venía el problema: usaban la cédula para discriminar. 

Pero el cambio de nombre no resuelve todo. Según el entrevistado, y como también explica Venus Tejada (presidenta de las Mujeres Trans de Panamá), los trans se enfrentan también al hecho de que aún en el documento de identidad sigue plasmado el sexo que,  recalcan, no encaja con su imagen.

Sobre esto, comenta el Tribunal Electoral: "la legislación panameña no contempla el cambio de sexo, solo se puede hacer correcciones de sexo cumpliendo con los presupuestos establecidos en el artículo 121 de la ley citada, es decir, la solicitud de la parte interesada y el certificado expedido por médico forense que determine el sexo que corresponde".

La Fundación Hombres Trans Panamá participa, junto a una asociación de familiares y amigos de personas trans y con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos, en la realización de una encuesta que en septiembre próximo dará a conocer datos sobre cuáles son los derechos vulnerados de las personas trans. Dichas encuestas se realizarán en los municipios de Panamá y La Chorrera.

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Pau fundó Hombres Trans Panamá con el fin de apoyar a otras personas como él. Recuerda que se decía que tenía que abrir un grupo para "ver si hay más gente como yo y ver cómo nos acompañamos". Y así ha sido, al punto que hay 68 miembros y siguen sumándose. Allí se les apoya con ese acompañamiento psicológico, legal y humano, pues en la desesperación de no saber quiénes son, mezclado con el rechazo y vulneración de derechos, optan por medidas extremas (desde tomar medicamentos y sustancias no adecuadas que pueden generar problemas de salud, hasta el intento de suicidio).

El chico, de baja estatura, ojos brillantes y sonrisa contagiosa tuvo que pasar 30 años de su vida para descubrirse. Ahora, a sus 34 años se considera una persona feliz. Él tiene dos trabajos para poder costear sus medicamentos de reemplazo hormonal que "son costosísimos", y cada día tiene el reto de lograr que otras personas transexuales puedan vivir en un mundo donde no sean tildadas, abusadas y violentadas y simplemente puedan vivir en armonía con ellas, con su cuerpo y la sociedad.

 

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